La mariposa


No contenta la vana y voluble mariposa de poder cómodamente revolotear por el aire, quiso, fascinada por la agradable llama de una vela, volar por encima de ella. Mas ¡ah! su alegre vuelo le fue ocasión de rápida desventura, quemándose en la luz sus delicadas alas; y la misma mariposa, cayendo chamuscada a los pies del candelero, después de mucho llanto y arrepentimiento, se secó las lágrimas y, levantando la mirada, exclamó:

-¡Oh luz falsa! ¡A cuántas, como a mí, debes de haber engañado en anteriores tiempos! ¡Oh! ¿Por qué yo, ávida de luz, no advertí cuan falaz era el esplendor del asqueroso sebo?


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