El maestro y sus discípulos


Cuando Dionisio, rey de Sicilia, fue desterrado por su pueblo, encaminóse a Italia, en donde fundó una escuela de niños a quienes enseñó gramática y otras asignaturas. Riéronse no poco de estos sus enemigos, pues consideraban indigno de quien había ocupado un trono mantener una escuela; a lo cual replicó el desterrado que aun en el destierro seguía siendo rey, porque ahora ejercía autoridad sobre sus discípulos.

Preguntáronle entonces sus enemigos qué bien había reportado de la buena filosofía de Platón, a la cual se dedicara con entusiasmo el destronado monarca.

-¡Ah! -replicó-. Me hace capaz de llevar mi desgracia con paciencia.

Tan impresionados quedaron sus súbditos al ser testigos de su fortaleza, que volvieron a llamarlo para que ocupara el trono, dignidad que probablemente nunca habría reconquistado con la espada. amigo, enternecióse el corazón de aquél y dejó libres a ambos.