Por qué sentimos frío cuando nos echamos unas gotas de éter


Para originar un cambio de estado se necesita agregar o quitar una cierta cantidad de calor. En el caso de la evaporación de un líquido cualquiera se requiere que éste absorba calor. Por ello, cuando nos echarnos unas gotas de éter sobre la piel, sentimos frío, ya que el éter roba calor al cuerpo para evaporarse. Algo análogo ocurre cuando al exponer el cuerpo transpirado a una corriente de aire se experimenta una gratísima sensación de fresco.

Una aplicación muy importante de este principio lo constituyen las máquinas frigoríficas, que por supuesto no producen frío, como se cree a veces, sino que expulsan el calor del ambiente que refrigeran. Mediante una bomba se extraen los vapores del líquido que se encuentra en la cámara frigorífica, de la cual han absorbido todo el calor necesario a su vaporización, y así provoca el consiguiente descenso de temperatura. Los vapores extraídos son comprimidos por la misma bomba y se condensan fuera de la cámara, después de pasar por una cañería en forma de serpentín, donde desprenden el calor absorbido, que pasa de esta manera al ambiente exterior circundante.