El despertar de Florencia al mágico impulso del arte


Junto a la escuela de Siena se desarrolló otra, en Toscana también, que tuvo como centro a Florencia, una de las ciudades que más hicieron sentir la influencia de sus artistas.

En las primeras décadas del siglo xiii surgió un artífice de esa ciudad que se levanta a orillas del Arno: se llamaba Arnolfo di Cambio. Siendo aún muy joven, lo encontramos trabajando con otros artistas en la catedral de Siena, donde pronto adquirió fama tanto en arquitectura como en escultura. Mientras otros colegas trabajaban en distintas ciudades, él emprendió con ardor la titánica tarea de embellecer a Florencia. Ciñóla con soberbias murallas, construyó su magnífica catedral, dos iglesias más y trazó los planos del famoso Palazzo Vecchio, especie de Casa Consistorial donde los gobernantes de Florencia celebraban sus sesiones. Tales obras le dan méritos suficientes como para que justamente se lo considere padre de la arquitectura renacentista.