Otros escultores modernos que han sobresalido en su arte


Entre los grandes maestros de la escultura de nuestros tiempos podemos citar al rumano Constantino Brancusi, radicado desde muy joven en París. En su escultura Pájaro en el espacio, el autor revela otro importante principio del modernismo escultórico. Se trata de una única lámina de bronce pulido, ligeramente entallada en la parte inferior, con lo que el autor quiso dar impresión de movimiento, rápido y suave. Alguien ha dicho que la obra, símbolo poético más que descripción en prosa, exige mucha imaginación en el que la contempla hasta sugerir la imagen de una golodrina o de un halcón en raudo vuelo. Brancusi es autor, además, de obras como El recién nacido, en la que buscó la quintaesencia misma de las formas, y La bruja, que revela su pasión por las formas puras.

Dentro de la corriente de Brancusi tenemos al escultor Sebastián Béothy, autor de La llama, escultura abstracta de angulosas formas.

La novia, del artista inglés Enrique Moore, puede ser considerada como la culminación de las ideas sostenidas por Rodin. Encontrar la novia, en esta obra de Moore, requiere quizá más imaginación que la que se nos exige para reconocer una golondrina o un halcón en el bronce de Brancusi. En La novia alternan las curvas contrastantes con las líneas rígidas, lo que confiere a la obra un aspecto muy particular. El tema de La novia fue tratado también por otro escultor francés, Marcel Duchamp, en cuya producción se puede apreciar la exaltación del maquinismo, pues evoca la forma humana a través de una máquina ideal e inexistente.

Entre los escultores que se volcaron en la corriente abstracta-constructivista tenemos a Tatlin, autor de una obra llamada Construcción, simple invención de objetos acordes con dicha corriente, y también del Proyecto de un monumento para la 111 Internacional, presentado en 1920.

Caballo y caballero, del escultor italiano Marino Marini, es una expresión típica de la época, tanto por el estilo, que sugiere más que describe, como por el contenido, que se basa en los horrores de la segunda Guerra Mundial. El tema, que se repite en la obra de Marini, es, en síntesis, el trágico problema de los agricultores italianos que se vieron obligados a abandonar sus lares arrasados por el continuo bombardeo. El conjunto en sí había sido abordado ya desde la época del Renacimiento. Sin embargo, ¡cuan distinto es este conjunto si lo comparamos con algunos similares de aquellos lejanos tiempos...! En lugar del fogoso animal y el apuesto caballero de entonces, los dos seres en que Marini compendió hábilmente distintos estados de ánimo, miedo, angustia, tristeza, modelando la cabeza del caballo y el cuerpo del caballero en una amplia línea curva que los envuelve a los dos, son como dos seres humanos que se estrecharan en un momento de pánico. Sin alardes de detalles, pero destacando el diseño básico que caracteriza al arte moderno, el artista realizó su obra con una maestría digna de ser señalada.

Otros que consiguieron distinguirse fueron el brasileño Brecheret, autor de una figura que tituló Bailarina, que recuerda El pájaro en el espacio de Brancusi, y una Tañedora de guitarra en la que se destaca el uso de los distintos planos; el yugoslavo Mastrovic, cuyas obras se libraron de las formas academias; Naum Gabo, creador de obras concebidas con elementos geométricos puros, como su construcción esférica, y sobre todo Jacobo Epstein, que suscitó controversias entre los conocedores del arte británico.