Arquitectura moderna argentina con sus ilustres propulsores


La arquitectura argentina se desarrolló lentamente hasta los primeros años del siglo xix, en que, con la colaboración de constructores extranjeros, quedaron configuradas las ciudades sin plan orgánico ni edificios de valor artístico. Después llegaron de Europa arquitectos que trajeron al país la querella de estilos en un momento de abundancia del que son prueba los palacios que se levantaron entonces.

Desde 1901, fecha en que se creó la Escuela de Arquitectura en Buenos Aires, se fueron formando las generaciones de arquitectos argentinos que tendrán la responsabilidad de resolver, de acuerdo con las condiciones del lugar, la fisonomía de los edificios y ciudades. Sin duda, en las construcciones del siglo xx no se ha logrado aún el carácter local, que depende en gran parte de la auténtica adecuación a las propias necesidades y así vemos que importantes construcciones, cronológicamente modernas, debidas a figuras como Bunge, Altgelt, Christophersen, Noel, Bustillo y otros, reeditan, más o menos estilizados o combinados, los estilos Regence, Tudor, Renacimiento, etc. Llega después el momento de romper con los prejuicios decorativos del art nouveau o de la pasada querella estilística, y algunos arquitectos como Virasoro, Vilar o Prebisch construyen entonces edificios que preparan al espectador para las nuevas apariencias de una arquitectura actualizada.

Alrededor de 1934 se levantó en Buenos Aires el edificio Kavanagh, importante rascacielos en cemento armado, que constituye una solución al problema de los edificios altos sin estructura de hierro.

La figura de Amancio Williams encarna una inquietud por la arquitectura moderna en Argentina, aunque su posición es más conocida por sus escritos que por sus pocas construcciones. Otra figura notable es la de Catalano, que actualmente trabaja en Estados Unidos. Bonet (español) y Ferrari Hardoy deben ser recordados entre los que bregan por una arquitectura contemporánea. Ellos dos y Kurchan han ideado la famosa silla BKF, mundialmente conocida.

Hay que mencionar la iglesia de Ianua Coeli, iniciada en 1933 por J. A. Jorge Mayol, según proyecto de la Escuela Beato Angélico de Milán, y el templo de la Sagrada Eucaristía, para el cual la Asociación Mediator Dei (propulsora del arte sacro) designó a un grupo de artistas que se pusieron bajo la dirección del arquitecto Ruiz Guiñazú, quien la llevó a cabo; son dos ejemplos de construcciones religiosas que muestran valores apreciables y que no fueron concebidas como calcos, adaptaciones ni reediciones de estilos pasados.