Hombres de letras mexicanos cuya obra ha trascendido fronteras


Entre ellos Antonio Caso se destacó como prototipo del maestro y del estudioso de los asuntos filosóficos; fue el fundador de los cursos de filosofía en la Facultad de altos estudios en la Universidad Nacional, que dio origen a la actual Facultad de Filosofía y Letras. Como escritor desarrolló una importante obra en la que se destaca su libro La filosofía de la cultura y el materialismo histórico.

José Vasconcelos es otra figura surgida de la generación de 1910 y posiblemente la que más ha trascendido las fronteras mexicanas por la importancia de su tesis sobre el destino del hombre indoamericano, contenida en su obra La raza cósmica. De su prosa, siempre enardecida, se destacan cuatro libros con los que, además de hacer su autobiografía, abarca casi tres décadas de la vida nacional: Ulises criollo. La tormenta, El desastre y El proconsulado.

También a este grupo perteneció el polígrafo Alfonso Reyes, de los mexicanos contemporáneos el más traducido a diferentes idiomas; es un estilista de la prosa, y con ella ha penetrado en todos los géneros literarios. La profunda labor de investigación que ha llevado a cabo, tanto en México como en el extranjero, hacen de él una autoridad universalmente reconocida en más de una cuestión de literatura castellana; ha producido innumerables obras, aunque basta una sola, Visión de Anáhuac, para dar fe de la pureza de su estilo.

Otros valores nacionales que figuraron en el Ateneo de la Juventud fueron Martín Luis Guzmán, escritor que en sus relatos y novelas ha dejado un vivo testimonio de la vorágine revolucionaria de 1910; Ramón López Velarde, el poeta que con su exaltación de la patria mexicana despertó el afán nacionalista que muchos acogieron, pero que nadie supo expresar como él en su poema Suave Patria, y tantos otros que con igual dedicación dieron lustre a las letras mexicanas.

Este movimiento no se limitaba a la literatura: en la pintura estuvo representado por Ángel Zárraga, Saturnino Herrán y Diego Rivera; andando el tiempo había de ser este último uno de los máximos exponentes del muralismo; la música recibió el beneficioso influjo del Ateneo al través del compositor Manuel M. Ponce, quien inició la investigación y aplicación del folklore nacional.