Las dos fuerzas invisibles que afectan nuestra vida


Los progresos relativos a nuestros conocimientos acerca de la electricidad y el magnetismo -las dos fuerzas invisibles que de mil diversas maneras afectan nuestra vida- ofrecen el campo más interesante para estas exploraciones. Sus ventajas a nadie se ocultan. Fue ayer mismo, como si dijéramos, cuando las vidas de centenares de personas, que se hallaban en un barco incendiado en medio del Atlántico, fueron salvadas merced a procedimientos que para la mayor parte de ellas eran algo desconocido y misterioso. Una fuerza invisible, que ninguno de nuestros cinco sentidos es capaz de descubrir, llevó el grito de auxilio a través de centenares de millas de solitarios mares procelosos; y cientos de pasajeros de un buque que se iba a pique fueron salvados de la muerte.

La misma fuerza invisible se emplea al presente en otra forma para salvar vidas humanas en los hospitales: se la transforma en rayos invisibles que atraviesan nuestras carnes e impresionan placas fotográficas que permiten a los médicos ver lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo y resolver lo más conveniente para curarnos, cuando padecemos alguna enfermedad. Los rayos X y el telégrafo sin hilos son dos formas distintas de la misma energía, que la ciencia conoce con el nombre de energía electromagnética.

Esta misma energía empléase también bajo otras varias formas, que prestan al hombre inapreciables servicios y le ahorran trabajo muscular. Ella impulsa los tranvías, mueve las máquinas, efectúa transformaciones químicas, contribuye a impeler los automóviles y el vuelo de los aeroplanos.

Puede decirse que vivimos desde entonces en la edad de la electricidad, una de las más admirables de las fuerzas del mundo invisible; pero los modernos sabios han descubierto otras cosas nuevas, además de esta forma de energía. Con sus estudios experimentales sobre la luz, demostraron que hay en ella radiaciones completamente invisibles para el ojo. En efecto, éste percibe sólo una pequeña banda de la radiación total contenida en la luz; en los extremos de esta banda existen dos zonas formadas por rayos invisibles al ojo, pero tan reales como los otros: una de ellas es la parte que actúa sobre las placas fotográficas, y la otra sobre un instrumento que sirve para medir el calor. Pero nuestros ojos no pueden ver los rayos solares ordinarios que forman estas dos partes, porque la sensibilidad de nuestro sistema óptico es limitada. Nos hallamos rodeados de otras numerosas formas de energía cuyas totales radiaciones tampoco percibimos, tales como sonidos, olores, etc. Si no existieran otras realidades que las percibidas por nuestros sentidos, el mundo no podría ser lo que es, porque le faltarían fuerzas fundamentales que lo sustentan y constituyen. La vida tiene su raíz en una infinidad de formas microscópicas. Si no existiesen, no crecerían los árboles ni la más pequeña brizna de hierba, y ni los animales ni los hombres tendrían con qué alimentarse.