Los curiosos animales que dan saltos larguísimos


Existen otros mamíferos a los que se atribuye la facultad de volar, pero el murciélago es el único que puede hacerlo al igual que un ave. Ya dijimos, tratando del gibón, que parece que vuela cuando va saltando por los bosques de rama en rama; hay, por otra parte, cierto animalito cuyos saltos se acercan al vuelo más que los del gibón.

Nos referimos al caguán, animalito de hocico puntiagudo y ojos grandes, que es oriundo del Archipiélago Malayo; tiene unos cincuenta centímetros de largo y vive entre las ramas de los grandes árboles, donde duerme durante el día, colgado de sus patas.

Este animal nunca baja al suelo, y, por lo tanto, en vez de subir y bajar de los árboles, acostumbra saltar de uno a otro, extendiendo las cuatro patas y la cola, que están recubiertas de una gran membrana a manera de vela, lo cual le permite cruzar por el aire como si lo sostuviera un para-caídas. Los saltos que puede dar de este modo son estupendos y no igualados por ningún otro mamífero. Si desde la copa de un árbol el caguán divisa en lontananza algo que le apetezca, sin vacilar ni un momento, se lanza a través del aire, dando un salto de más de sesenta metros para lograr lo que desea.

En Australia y en Nueva Guinea viven unos animales llamados falangeros. entre los cuales hay algunos que son voladores. Son del grupo de los marsupiales, cuyas hembras llevan a sus pequeñuelos en una especie de bolsillo formado por la piel del vientre, según hemos visto en otro capítulo. Entre los falangeros voladores de América del Norte se encuentra el acróbata, pequeño animalito de unos siete centímetros de longitud, sin contar la cola que mide otro tanto; tiene pelaje suave, de tono grisáceo, y la membrana voladora, que es muy pequeña, presenta su superficie aumentada por un borde de pelos que semejan flecos. Otro de los falangeros volantes es la ardilla del azúcar, de Australia, llamada así por ser muy aficionada a los frutos dulces. Es un animalito de hermosa piel gris en el dorso y blanca en el vientre, cuyo cuerpo mide unos veinticinco centímetros de longitud y treinta de cola. Esta ardilla llega a saltar hasta veinticinco metros sirviéndose de la cola como de un timón, pues si la desvía ligeramente, puede cambiar de dirección en pleno vuelo.

Ni las ardillas voladoras, ni los falangeros volantes vuelan, en el verdadero sentido de la palabra, sino que saltan y planean como lo hace el caguán, valiéndose de un repliegue de la piel que se extiende entre las cuatro patas y los costados del cuerpo, sin incluir la cola. Esta membrana no se despliega hasta que el animal desea dar un salto, permaneciendo replegada junto al cuerpo cuando se halla en estado de reposo.