¿De dónde vendrán las moscas que veremos el próximo año?


Por mucho que dure el invierno, la crisálida de la mosca no corre peligro alguno. Cuando empieza a calentar la primavera, continúa su interrumpido desarrollo. A su debido tiempo rompe su parda cubierta córnea, y sale, como el pollo del cascarón. Sólo le resta secar sus tenues alas, y ya puede volar, logrado su estado adulto.

Las moscas alcanzan su total desarrollo antes de abandonar la envoltura que las retiene. Cuando veáis reunidas moscas de diferentes tamaños, no penséis que las pequeñas son jóvenes y las grandes viejas: son especies distintas, pero todas en plena madurez. Adquieren su proporción máxima natural antes de abandonar la cuna donde han pasado el invierno. La razón por la cual raras veces nos molestan las moscas durante esta estación es que las unas han muerto y las otras no han nacido todavía.

A medida que aumentan los fríos, parece que las moscas se ponen más soñolientas, hasta que se hace difícil conseguir que abandonen el objeto sobre el cual se hallan posadas y donde, al parecer, se disponen a morir.

No pueden ni siquiera sacudirse las alas y asearse, como acostumbran hacer a principios del verano, y caen con facilidad en los recipientes que contienen leche u otros líquidos. Éstos son signos de que sus cortas vidas están próximas a extinguirse, porque el invierno es demasiado riguroso para ellas. Pero en la primavera próxima veremos a sus hijas.