Parte 2


Al pescador, Miguel, acompaña en la tarea su joven esposa en vísperas de ser madre; y el matrimonio vive feliz soñando en las alegrías que ha de traerle el cstterado acontecimiento.

No lejos, en el término de un prado
Donde manso ganado
Con la hierba otoñal su gula aplaca.
La madre de Miguel, limpia y risueña,
Tranquilamente ordeña
Las llenas ubres de fecunda vaca.

Con frecuencia, a hurtadillas, clava en ellos,
Tan jóvenes, tan bellos
Y tan rendidos a su mutuo encanto,
Los dulces ojos, que la edad apaga,
Y por sus labios vaga
Leve sonrisa, tierna como el llanto.

¡Con qué inefable paz la pobre vieja,
A quien tan sólo deja
Vanas memorias la cansada vida.
Con qué intenso y profundo regocijo
Siente y ve en aquel hijo
Reverdecer su juventud perdida!

Él la hace recordar tiempos mejores
Con sus castos amores.
Sus ansias, sus placeres y congojas.
Es como un tronco roto, que aun resiste,
Y con el sol se viste
De nuevas ramas y de nuevas hojas.

Fijóse en ella embebecido el mozo,
Y desbordando el gozo
Que en sus plácidos ojos centellea.
Dijo, llamando la atención de Rosa:
-Mírala qué hacendosa
Y entretenida está. ¡Bendita sea!


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