Parte 3


Ruega, hija, por tus hermanos,
Los que contigo crecieron
Y un mismo seno exprimieron
Y un mismo techo abrigó.
Ni por los que te amen sólo
El favor del cielo implores:
Por justos y pecadores
Cristo en la cruz expiró.

Ruega por el orgulloso
Que ufano se pavonea
Y en su dorada librea
Funda insensata altivez.
Y por el mendigo humilde
Que sufre el ceño mezquino
De los que beben el vino
Porque le dejan la hez.

Por el que de torpes vicios
Sumido en profundo cieno,
Hace aullar el canto obsceno
De nocturna bacanal.
Y por la velada virgen
Que en su solitario lecho
Con la mano hiriendo el pecho
Reza el himno sepulcral.

Por el hombre sin entrañas,
En cuyo pecho no vibra
Una simpática fibra
Al pesar y a la aflicción;
Que no da sustento al hambre
Ni a la desnudez vestido,
Ni da la mano al caído,
Ni da a la injuria perdón.

Por el que en mirar se goza
Su puñal de sangre rojo,
Buscando el rico despojo,
O la venganza cruel,
Y por el que en vil libelo
Destroza una fama pura,
Y en la aleve mordedura
Escupe asquerosa hiel.

Por el que surca animoso
La mar, de peligros llena;
Por el que arrastra cadena,
Y por su duro señor.
Por la razón que leyendo
En el gran libro, vigila;
Por la razón que vacila;
Por la que abraza el error.

Acuérdate, en fin, de todos
Los que penan y trabajan;
Y de todos los que viajan
Por esta vida mortal.
Acuérdate aun del malvado,
Que a Dios blasfemando irrita.
La oración es infinita:
Nada agota su caudal.


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