Pequeñas pinturas de niños de hace muchos siglos


Las pinturas que ilustran la vida cotidiana son igualmente deliciosas.

Los niños jugando con carretas, entreteniéndose en fingidos banquetes; las muchachitas recibiendo sus lecciones de baile; los muchachos entregados a una labor más seria, pero ni con mucho tan atentos como las niñas, nos parecen hoy tan reales como los artistas que los han diseñado.

En otros vasos podemos ver cómo el alfarero fabricaba sus cacharros; cómo las niñas hilaban los suaves copos con que se hacían los vestidos sencillos y delicados; cómo charlaban, ni más ni menos que las muchachas de hoy día, mientras llenaban sus ánforas en la fuente. Hay también numerosas escenas de convites, en que los huéspedes comen reclinados en lechos.

Las hermosas pinturas de navíos nos recuerdan el Mediterráneo azul y las glorias navales de Grecia, y la escena de la recolección de la aceituna nos trae al recuerdo los olivares de los alrededores de Atenas, que producían el preciado aceite.

Algunos vasos mayores eran premios de deportes y juegos, ganados en un tiempo y enterrados con el ufano ganador cuando moría. A menudo, sin embargo, el premio en los juegos consistía en una simple guirnalda de hojas de laurel, lo que sorprendió en gran manera a Jerjes. En Atenas, el premio era un vaso lleno de aquel precioso y afamado aceite.