Prosperidad colonial y económica de los Países Bajos


Con la paz volvió a florecer el comercio en los Países Bajos, y fundada por la reina Isabel de Inglaterra la famosa East india Company, para el comercio con el Oriente, Holanda se aprestó para un porvenir de prosperidad; los marinos holandeses, maestros en la pesca en el tempestuoso mar del Norte, atravesaron el océano, se apoderaron de las colonias españolas y portuguesas, y lucharon a veces rudamente con los ingleses.

La fundación de Nueva Amsterdam, en América, de Batavia en la isla de Java, y otras muchas, comprueban la potencia colonial holandesa.

En su propia patria, comenzaron a desecar lagos y pantanos, y las ricas praderas, así conquistadas, nutrían el más bello ganado de Europa. La manteca y el queso de Holanda gozan, desde siglos, de fama mundial: los forrajes, las raíces comestibles y los tulipanes crecen magníficamente en los prados holandeses. Los hijos de Holanda han enseñado al mundo entero el arte de la jardinería y del cultivo de los terrenos. Y fue también en aquel tiempo - en 1600- cuando este país llegó a ser el primer centro editorial de toda Europa publicando millares libros de historia, de viajes, de leyes y de medicina. La talla y montadura de los diamantes, aun hoy floreciente en Amsterdam, daba trabajo a gran número de artífices.

En el siglo xvi la rivalidad naval entre Holanda e Inglaterra fue muy aguda, y dio ocasión a obstinadas y largas contiendas.

En tiempos de Luis XIV, Francia conquistó una parte del territorio de los Países Bajos, que había pasado a Austria, y avanzó hacia Holanda. Para salvarse, los holandeses abrieron los diques, mas las aguas se helaron y las tropas francesas se adelantaron sobre el hielo y atacaron a La Haya; un imprevisto deshielo salvó al país de la destrucción.

Era por entonces jefe de la República un bisnieto de Guillermo el Taciturno; se llamaba también Guillermo y había tomado por esposa a María, hija de Jacobo II de Inglaterra.

En el siglo xvii disminuyó la importancia de las Provincias Unidas de la República Holandesa; hubo graves revueltas en el país, por lo que se acudió a la intervención del rey de Prusia. Mas la Revolución Francesa era inminente, y en breve tiempo el mapa de Europa sufrió grandes cambios; en esta época las siete provincias unidas formaron la república bátava.

Pocos años después, Napoleón hizo de ellas un reino para su hermano Luis, a quien no tardó mucho tiempo en destronar, y unió Holanda y las provincias restantes a Francia. “No son sino sedimentos de los ríos franceses -decía Napoleón- y por tanto me pertenecen”. La batalla que decidió el fin de Napoleón -y de la que nos ocupamos en otra parte de esta obra- se libró en Waterloo, cerca de Bruselas.