Australia ha sido llamada, con razón, país de las anomalías


Tasmania, junto con los cinco grandes estados del continente, forma una confederación que recuerda la de Canadá, con un Parlamento propio, cuyos miembros, hombres y mujeres, son elegidos por sufragio popular. Un gobernador general representa al rey de Gran Bretaña.

La Constitución australiana es análoga a la de Canadá; y ésta es la sola semejanza entre los dos grandes dominios británicos. En vano buscaremos en Australia las grandes arterias fluviales que son parte tan importante en la vida del Canadá; en el novísimo continente los ríos suelen secarse en verano, excepto el Murray y sus afluentes. Por lo demás, Australia es un país diferente de todos los otros, y ha sido llamado con razón la tierra de las anomalías.

Todos hemos visto, en grabados, o, quizá, en algún museo o parque zoológico, esos peregrinos representantes de una fauna verdaderamente curiosa: los canguros, con su larga cola, sus grandes patas traseras, las delanteras muy cortas, en proporción, y una enorme bolsa en el vientre para guardar a sus pequeñuelos. Pero es preciso ver a los canguros cuando corren, o, por mejor decir, saltan a través de las vastas llanuras australianas, para formarse una idea de la rareza de tales animales. No menos extraño es el ornitorrinco, con su pico de ánade; el emú, ave de gran tamaño, que no puede volar, por tener atrofiadas las alas, y el kiwi, pájaro áptero, que en vez de plumas está cubierto de pelo. Vagando por los bosques, parlotean millares de curiosos papagayos y cacatúas, que gritan de modo estrepitoso y original, y el da-celo gigante deja oír frecuentemente su voz, muy parecida a una carcajada burlona. Asimismo se encuentran en Australia peces con alas, cisnes negros y hasta zorras que vuelan: sus miembros anteriores y posteriores despliegan, al saltar, una membrana semejante a la de los murciélagos, que les permite planear algunos pocos metros.

También los árboles y la mayoría de las demás plantas se diferencian de los de otros países; algunos mudan la corteza, en vez de las hojas; otros no dan fruto, pero, en compensación sudan goma; y otros presentan al sol nada más que el borde de las hojas, en vez de ofrecerle éstas de frente, como sucede en general.