MERECIDO HOMENAJE


Una mañana luminosa de primavera, entre dos niñas, que iban presurosas rumbo a la escuela, se desarrolló el siguiente diálogo:

-Apresúrate, Alicia, son casi las ocho; llegaremos tarde otra vez.

-¡Pero, Susana, todavía falta como media hora; tú siempre te empeñas en llegar la primera. ¿Crees que con eso vas a ganar algún premio?

-Te equivocas, yo sólo deseo ser puntual.

-Tú eres muy exigente; debes tener en cuenta que hoy nos retrasamos muy poco.

-Tuya es la culpa, nunca dejas la cama a tiempo.

-Tenía muchísimo sueño...

Y así, conversando animadamente, van las dos niñas recorriendo el camino que las conduce hasta la escuela.

Dé pronto, Alicia exclama:

--¡Oh! ¡Mira, Susana... una cartera!

-¡Levántala! A ver, ¿qué contiene?

-¡Dinero, Susana, cuánto dinero! ¡Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos, quinientos, quinientos cincuenta pesos! ¡Qué contenta se pondrá mamá cuando se lo demos!

-Más contenta se pondrá cuando sepa que lo hemos devuelto a su dueño.

-Tonta, ¿por qué devolverlo? Lo que uno encuentra en la calle le pertenece. Además, tú bien sabes que mamá trabaja todo el día para ganar nuestro sustento.

-No, Alicia, eso no sería correcto. La persona que perdió esa cartera puede necesitar el dinero más que nosotros; también puede ocurrir que no sea suyo. De cualquier manera no es nuestro y, por lo tanto, tenemos que devolverlo.

-Bueno, no te enojes; pero, ¿a quién devolverlo? En la cartera no hay dirección alguna.

-La entregaremos a la policía, ella se encargará, sin dudas, de hacerla llegar a su dueño.

-Tienes razón, es una buena idea.

Y ambas niñas se dirigieron al agente de policía más próximo y le hicieron entrega de la cartera, indicando el lugar y la hora en que la habían hallado, sus nombres, domicilio y otros datos solicitados por el agente. Cumplida esta formalidad, las hermanas reanudaron su camino y llegaron a la escuela sin otro contratiempo de importancia.

A la hora de la salida de clase, las maestras reunieron a todos los niños en el patio de la escuela. De pronto apareció la directora; venía acompañada por un oficial de policía. Un cuchicheo recorrió las filas, seguido de un movimiento de curiosidad. Susana y Alicia se miraron preocupadas.

-Niñas -dijo la directora-, dos alumnas de esta escuela han realizado hoy un acto que las honra y nos llena de satisfacción. Pasen al frente Susana y Alicia Fernández.

Las niñas salen de sus puestos y, sonrojadas, se colocan al lado de la directora, quien prosigue así:

-Estas dos niñas hallaron esta manaría, en la calle, una cartera que contenía quinientos cincuenta pesos. Nadie las había visto; hubieran podido guardarla para sí, pero su concepto (¡le la honradez y el respeto por la propiedad ajena las impulsaron a entregar ese dinero a la policía para que está se encargara de restituirlo a su dueño. El señor -prosiguió, señalando al oficial de policía que estaba a su lado- viene a felicitarlas en nombre del personal de la Comisaría. Yo, por mi parte, pido un aplauso para estas niñas que tan bien han sabido cumplir! con su deber.

Y las palmas se batieron sonoramente en honor de las dos hermanitas.


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