Cosas con que debe formarse la mente de un niño


Debemos procurar especialmente que el niño vea cosas bonitas, y si se le enseñan cosas de forma y color feos, debemos poner gran interés en que sepa ver o conocer que son feas. Si le damos estampas en negro o pintadas, deben ser sencillas y bellas. Igual debemos hacer con respecto a los oídos; el niño debe empezar a conocer la diferencia entre una voz hermosa y otra desagradable, sea hablando, sea cantando.

Debe enseñársele a reconocer el timbre de diferentes instrumentos musicales, a saber cuando un piano esta afinado y desafinado. Deben aprender a distinguir el canto de las aves y todas las armonías de la naturaleza. Si los niños estuviesen bien instruidos <?n estas materias, y en otras, que podríamos nombrar, tanto como lo están muchas veces en la ciencia abstracta de los libros, se lograría una educación equilibrada en la que todas las partes se desarrollan armónicamente, sin que el cuidado de una atrofiara el crecimiento de las otras. La falta de desarrollo de los sentidos y de los sentimientos, que a ellos están asociados, marchita el verdor de la inteligencia sin el cual no se forma el hombre verdaderamente sabio. No se olvide, como lo dijimos antes, que lo que aprende la inteligencia ha de pasar primero por los sentidos, y que el hombre que piensa es el mismo que siente y que ve, y que, por lo tanto, a medida que se cultivan los sentidos y el sentimiento se enriquece también el entendimiento. El niño así educado se habrá desarrollado naturalmente y se sentirá, por tanto, más feliz, y, cuando hubiere llegado ya a la edad a propósito para estudiar, y empiece a trabajar en los libros, aprenderá más de prisa y con mayor perfección, y recordará mejor que otros niños, porque los fundamentos de esta mente infantil han sido fijados de manera sólida y recta, siguiendo el curso natural del desarrollo.