La Tierra ha cumplido dos mil millones de años


Cuando leemos en un diario que ha muerto un hombre a la edad de 100 años, nos asombramos por lo mucho que ha vivido. Pero cuando se estudia Geología, uno encuentra que 100 años son mucho menos que un segundo en la historia de la Tierra. Es muy común oír decir a los geólogos o a los paleontólogos, al encontrar un resto fósil: «tiene apenas 50.000 años». Por eso, no debemos asombrarnos cuando se diga que el hombre hace sólo 500.000 años que vive sobre la Tierra. Muchos años antes que él aparecieron y vivieron sobre la superficie de nuestro planeta otras clases de animales; ocurrieron grandes cataclismos y transformaciones; se hundieron continentes enteros, y afloraron otros. Y así comprenderemos que la fauna actual podrá desaparecer de la Tierra, como desaparecieron antes tantas otras razas de animales sepultados en sucesivos cataclismos.

Así como los astrónomos se han planteado el problema de cómo nació nuestro planeta, los geólogos se han preguntado cuántos años tiene la Tierra. Los estudios realizados conducen a la conclusión de que el mundo en que vivimos tiene por lo menos 2.000 millones de años, comparados con los cuales es muy pequeño el período de medio millón de años que corresponde a la vida de la especie a la que pertenecemos.

¿De qué manera es posible determinar la edad de nuestro planeta? Muchos son los procedimientos que los geólogos emplean para llegar a sus conclusiones. Hemos citado ya, en un capítulo anterior, cómo se puede saber la antigüedad de los océanos por el tiempo que debió transcurrir hasta que sus aguas adquirieran el grado de salinidad actual. También hemos citado el procedimiento basado en la radiactividad, que en los últimos años ha adquirido importante desarrollo. Hay algunos elementos, como el uranio, el radio, el torio, etc., que tienen la propiedad de transmutarse en otros. Esta transmutación es una cosa muy distinta de las transformaciones químicas, que están basadas en la unión o separación de átomos diferentes. En el caso de la transmutación, son los propios átomos los que se modifican, y pasan a ser átomos de otra clase diferente. Si la transmutación se realiza en forma natural y espontánea, se habla de radiactividad natural; si es provocada por el hombre, se trata de radiactividad artificial. Si bien la radiactividad y las transmutaciones artificiales tienen gran importancia, al geólogo le interesa la radiactividad natural, que espontáneamente se realiza desde el comienzo de los tiempos.

El uranio y el torio, que son mucho más comunes que el radio, se transforman en varios elementos, hasta terminar en plomo, que es estable, vale decir, que ya no se transforma.

Se calcula que la formación de las rocas, por enfriamiento y solidificación de la capa superficial de la Tierra, fue bastante rápida, ya que requirió 50 ó 60.000 años. Y bien; como se sabe que un gramo de uranio produce en un año 1/7.600.000.000 de gramo de plomo, fracción que equivale a las trece cien mil millonésimas (0,000.000.000.13) de gramo, y un gramo de torio produce, análogamente, 1/28.000.000.000 de gramo, fracción que equivale a las trescientas cincuenta y siete diez billonésimas (0,000.000.000.035.7) de gramo de plomo, es fácil, conociendo la proporción en que está el plomo con respecto al uranio y al torio en una roca, averiguar su edad. Claro que los procedimientos de análisis son sumamente delicados. Analizando muchas rocas de diferentes lugares se ha encontrado que las más antiguas tienen alrededor de dos mil millones de años, lo que nos da con bastante aproximación la edad de la corteza del planeta que habitamos.

Como hemos visto, las sustancias radiactivas, además de su importancia actual, son verdaderos relojes naturales, gracias a los cuales sabemos cuántos años tiene la Tierra.