Julio César devuelve a Cleopatra el trono de Egipto

Huyó Pompeyo a Egipto, perseguido hasta allí por César, quien halló el reino dividido, como hemos visto. Determinó entonces terminar la lucha de cualquier modo que fuese, a fin de que la guerra y la agitación no se extendiesen por los dominios de Roma. Decidió Cleopatra conquistar al jefe romano, y como temía presentarse en persona en el palacio de César, ocultóse en un rollo de alfombra, que fue llevado a presencia del general romano, y ya allí, saltó fuera de la envoltura que la ocultaba. Nunca había contemplado César en parte alguna una belleza semejante, pues Cleopatra, a los diez y nueve años, era de una hermosura ideal, dotada de todos los encantos y de todas las gracias que hacen a una mujer poderosa. Enamorado César de la hermosa y joven reina, decidió terminar las diferencias que se habían suscitado por la posesión del trono de Egipto, proclamándola única soberana.

En cuanto a Tolomeo y sus consejeros, negáronse de nuevo a entronizarla; pero César les declaró la guerra, y aquél murió en la batalla.

Ahora bien, el hombre que le había entregado el trono de sus antepasados la amaba, y ella lo amaba también, y cuando se hubo marchado a Roma Cleopatra no tardó en seguirlo. Su presencia en la capital dio pie a un verdadero escándalo; pero, a pesar de ello, allí permaneció firme, no importándosele nada mientras César, dominador entonces del mundo, continuase amándola. Pero César murió asesinado, y Cleopatra, privada de protector, regresó inmediatamente a su heredad patria.