UNA HEROÍNA BRASILEÑA


Numerosos patriotas, propagandistas de las ideas de la independencia, recorrían el interior del Brasil tratando de reunir adeptos y predisponer en su favor a todos los habitantes, cuya ayuda iba a ser imprescindible en las luchas que indudablemente sobrevendrían. En cumplimiento de esa misión, uno de ellos llegó a Bahía y se hospedó en la residencia del portugués Concalves de Almeida; allí, en el seno de esa familia, habló largamente sobre la causa de la independencia de la patria. Su elocuencia cautivó a María Quiteña de Jesús Medeiros, hija del dueño de casa, quien sintió inflamársele el corazón de entusiasmo hacia tan noble ideal, hasta el punto de pedir permiso a su padre para alistarse en las filas del ejército libertador como simple soldado, sin importarle su sexo.

Negado el consentimiento paterno, la joven se traza un osado plan y lo pone en ejecución con todo entusiasmo y entereza. Por intermedio de su hermana, a quien confía sus propósitos, consigue algunas ropas de su cuñado y, así disfrazada, aprovechando que su padre sale en viaje de negocios para Cachoeira, parte entre los servidores que lo acompañan hacia aquella ciudad. Allí sienta plaza de soldado en un batallón de artillería, pero se pasa, poco después, a otro cuerpo denominado “Voluntarios del Príncipe Don Pedro”.

A su regreso, Concalves descubre la fuga de la joven, se entera del ardid por ella empleado y de su incorporación al ejército patriota, por lo que reclama ante las autoridades para que le sea entregada. Pero ella no ceja en su empeño, dispuesta a llevar adelante su idea, y se niega a volver al hogar.

;Revelado su verdadero sexo, María Qüiteria reemplaza el pantalón por una falda igual a la que ha visto, en una lámina, que llevan los soldados escoceses, y continúa sus campañas, distinguiéndose siempre por su valor e ! intrepidez. Así, cuando los portugueses intentaron apoderarse de Unparica y otros puntos indefensos de la costa, reunió a las mujeres, y formando con ellas un batallón las guió a la victoria.

No era María Qüiteria una mujer instruida, pero poseía inteligencia viva y rápida comprensión, lo que unido a su espíritu penetrante y a sus graciosas maneras la hacían una mujer agradable y atractiva. La heroína participó en numerosos hechos de armas, demostrando siempre gran amor a Brasil, su patria, profundo apego al ideal de la independencia y notable desprecio de su vida.

Estas virtudes hicieron que el emperador, don Pedro I, prendiera con sus propias manos, en el pecho de la abnegada bahiana, la insignia de Caballero de la Orden Imperial del Cruzeiro, una de las condecoraciones más preciadas del naciente Imperio.