Las lenguas de Esopo


Esopo fue un esclavo deforme que vivió en Grecia en el siglo v antes de Jesucristo.

Habiéndole ordenado su amo, Janto, en ocasión de tener que ofrecer un festín, que fuera al mercado y trajese lo mejor que encontrara en él, no compró más que lenguas y las hizo servir aderezadas de modos distintos. Severamente lo reprendió Janto ante sus invitados. Esopo se explicó de esta manera: “¿Pues qué cosa puede haber mejor que la lengua? Es el lazo de la vida civil, la clave de la ciencia, el órgano de la verdad y la razón; con su auxilio se construyen las ciudades, se las civiliza e instruye; con ella se persuade en las asambleas, y se cumple uno de los primeros deberes del hombre, que es el ineludible de alabar a los dioses”.

Janto entonces le dijo: “Pues bueno, tráeme mañana lo peor que haya”.

Al día siguiente no hizo servir Esopo más que lenguas, diciendo: “La lengua “s la madre de las discusiones, la nodriza de los pleitos, el origen de las divisiones y las guerras; lo es igualmente del error y, cosa peor aun, de la calumnia. Por ella se destruyen las ciudades, y, si por una parte celebra a los dioses, por otra es el órgano de la blasfemia y de la impiedad”.

“Las lenguas de Esopo” designa las cosas que, consideradas desde dos puntos de vista, diferentes, igual pueden ser celebradas que vituperadas.


Pagina anterior: El castigo de Prometeo
Pagina siguiente: Las orejas del rey Midas