El pavo real y la diosa Juno


Quejábase el pavo real a la diosa Juno de que no le hubiese dado la voz del ruiseñor, que todos admiran, en vez de su canto tan chillón que a todos causa risa. La diosa para consolarlo le dijo:
—Ciertamente que el ruiseñor canta mejor, pero en cambio tú le aventajas en tamaño, en garbo y hermosura: en tu cuello resplandecen los brillantes colores de la esmeralda, y con las matizadas plumas de tu cola formas una rueda que parece de piedras preciosas.
—Pero ¿de qué me sirve tanta belleza -replicó el pavo real-, si una avecilla como el ruiseñor me excede en la voz?
—El mérito -contestó la diosa-, se repartió a cada cual según la voluntad de los hados. A ti la hermosura, al águila la fuerza, al ruiseñor la melodía, al gallo el señalar las horas, y todos con lo suyo están contentos": conténtate, pues, con lo que te ha tocado en suerte.

Debemos contentarnos todos con lo que Dios nos dio, pues Él sabe lo que más nos conviene.


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